Mi casa es una vanagon

I.
Cierro los ojos y escucho la voz de Iván:
-“Con vos siempre me siento de viaje”.

Una Volkswagen Westfalia del año 89, llamada Galilea, es nuestro hogar.
La ruta: Salir de nuestra casa (Santo Domingo de Heredia, Costa Rica) en Galilea y recorrer todo el sur de América.

Ya otros viajeros nos han inspirado, Julio Cortázar en su dragón rojo Faffner, todos los “couchsurfers” (www.couchsurfing.org) que hemos recibido en casa, y por mucho, la mayor inspiración son nuestros hijos, Lara y Teo. Los niños son nuestra oportunidad de construir mundos, una vez soñados, ahora vividos.

Se escucha el motor de vocho viejo, y Lara grita, cual descubridora de continentes, -¡hacia el sur de los pingüinos!

cc

Galilea atravesando un desierto cerca de Piura, al norte de Perú

Salimos de nuestro confortable trópico, la ilusión del pasaporte en mano, el confort de la ducha y el inodoro de siempre, atrás. Una vida sin chunches.

Como acumulamos, o creemos que necesitamos, chunches con los niños. La silla de comer, la silla que vibra, la silla que se mece sola, la mano que mece la cuna, digo la cuna, grandes juguetes plásticos que poco a poco se expanden y cubren la mayor parte del territorio de los hogares con güilas. Ahora nuestra casa tiene ruedas, y mide 5m2 (2 de ellos son solo cama, cuando subimos el techo para dormir.) Nuestra capacidad de almacenaje es realmente limitada. Entre menos cosas acumulamos, mas libres somos.

Chicos, que gran jardín es nuestra América Latina.

Escrito desde la autopista Bogotá-Medellín, la carretera llena de neblina (este es el polo norte!?-pregunta Lara), Teo durmiente y los Beatles de fondo.

 

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