¡Despacio! Curva deliciosa

II.

¡Despacio! Curva deliciosa

Nos movemos errantes, sin GPS (para decepción de todos los curiosos que a diario se acercan a inspeccionar nuestra camioneta). Tenemos mapas y aprovechamos al máximo el recurso oral, preguntando a la vieja escuela. Iván siempre atina elegir al transeúnte mas sospechoso de la cuadra. A mí me toca preguntar, y proteger cualquier bien al alcance.

Carretera en los Andes.  Por ahí cruzó Galilea.

Carretera en los Andes peruanos. Por ahí cruzó Galilea.

En cada país existe una “quijada del diablo” en carretera. Galilea se ha portado como una grande en todas y cada una de ellas. Galilea es como una gorda simpática que se siente cómoda rodando a 30 km/h. Tiene tan buena pinta, que la gente la saluda por las calles y le gritan ¡Bienvenida!

En Panamá Galilea rodó hasta un container, que se subió a un barco, que atravesó el mar caribe y piso tierra firme en Cartagena de Indias, tierra de piratas. Así cruzamos el tapón del Darién. Galilea en un barco gigante y nosotros cuatro, sus habitantes, en un vuelo interno de Ciudad Panamá a Puerto Obaldía + 2 lanchas + 2 autobuses. ¡Recorrimos muchos kilómetros lo mas rápido posible para alcanzarte Galilea!

En la carretera de tierra entre Turbo-Montería, una señora vieja y delgada, nos miró duramente desde la calle. Sostenía una piedra en su mano. Su nieta, me imagino, se acercó a pedir dinero. Si no le das, te tiran la piedra.

¡Nos volvemos a encontrar Galilea!

¡Nos volvemos a encontrar Galilea!

El calor y la varicela, sí… varicela, nos dió la bienvenida a Colombia… Aún así, Teo, el tripulante mas chico de Galilea, nunca pierde su sonrisa.

Teo con varicela

Teo con varicela

Una vez recuperada nuestra casa rodante, buscamos donde aparcarla. Es difícil aparcar en los pueblos coloniales, donde sus calles son siempre corrongas pero estrechas. Descubrimos que en la parte trasera del Hotel Hilton, en Boca Grande, Cartagena, hay una playa preciosa, donde aparcan los carros-casa. Hay un ranchito con tomacorriente, un poste de alumbrado público y una cámara de seguridad de 360 grados.

Ellos tienen la vista, nosotros tenemos la playa.

Nunca sabremos que nos espera adelante. Escribo mientras avanzamos por la carretera, y un camión cisterna lleno de alquitrán, que veníamos siguiendo minutos atrás, está volcado y con un derrame. Quién iba a decir que vaciar nuestro inodoro de viajeros a la orillita de la montaña nos pudo salvar la vida…

Galilea aparcada en Cartagena, Detrás del Hilton.

Galilea aparcada en Cartagena, Detrás del Hilton.

Nuestro jardín en Cartagena de Indias

Nuestro jardín en Cartagena de Indias

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